Trenes de alta velocidad en China, un complemento de los negocios

Viajar en el sistema de trenes de alta velocidad (HSR High Speed Railway) en China es lo más parecido a viajar en avión que carretea indefinidamente, ya que sobre ellos puede uno llegar muy velozmente a casi cualquier lugar de ese país, casi volando.

Se trata de un sistema logístico mastodóntico. Su longitud total es de aproximadamente 37,900 km, por lo tanto se la considera la red más amplia del mundo y la utilizada con mayor intensidad.

Ha tenido un gran impacto en el desarrollo de las relaciones y los negocios en ese país, ayudando en la distribución demográfica, en el crecimiento de áreas menos desarrolladas y en la cohesión interna de China, hasta transformarse en un símbolo de su reciente expansión. Es, sin lugar a dudas, un factor de valor estratégico que amalgama distintas regiones de una manera impensada hasta hace unos pocos años.

Los primeros trenes de este tipo fueron importados o fabricados en base a acuerdos de transferencia de tecnología con empresas como Alstom, Siemens, Bombardier o Kawasaki Heavy Industries, hasta que se logró la fabricación local que realiza la compañía estatal CRRC Corporation.

Teniendo sus inicios en 2006, la red de HSR fue impulsada con vigor ante la celebración de los Juegos Olímpicos de 2008 y desde entonces, ha acompañado el empuje de la economía china como un vector que refleja su potencia.

Se estima que la inversión total llevada adelante para el desarrollo de esta red hasta 2020 ha sido de alrededor de US$30.000 millones.

Estaciones

Las estaciones de trenes de este sistema parecen aeropuertos. Se trata de instalaciones gigantescas, modernas, que reúnen a miles de personas a diario, preparadas para dirigirse a destinos en todos los puntos cardinales.

Por momentos, por lo similares que son sus dimensiones las de un aeropuerto, con negocios, shopping malls, cafeterías y restaurantes, uno se confunde y espera ver aviones despegando y arribando. Pero los que llegan y salen son trenes que alcanzan velocidades cercanas a los 350 kilómetros por hora, y que hoy recorren gran parte del territorio chino.

Primer viaje

Mi primera experiencia fue en 2010. Con una grupo de empresarios argentinos nos dirigimos a la ciudad de Danyang, en la provincia de Jiangsu. Nos dirigimos a ese lugar para estudiar un proyecto inmobiliario, junto a un prestigioso arquitecto uruguayo, con la intención de poder aportar al diseño de dicho emprendimiento.

Finalmente el proyecto tomó otros rumbos, pero la experiencia del viaje en trenes de alta velocidad fue inolvidable. Uno ya podía darse cuenta del valor estratégico que ese medio de transporte tenía en el desarrollo de los negocios y la interconectividad de la nueva China.  Poder moverse miles de kilómetros entre la ciudad capital y una zona por entonces menos desarrollada en cuestión de horas, con comodidad y de manera segura, fue impactante.

Tuve en los años venideros más oportunidades de volver a tomar el tren de alta velocidad para ir a la Ciudad de Hefei, en la provincia de Anhui, en la búsqueda de una empresa especialista en la construcción de túneles, y tiempo después lo volví a tomar para viajar entre Beijing y Shanghai, esto en 2019, ante la imposibilidad de conseguir tickets aéreos.

Pero como siempre, la sensación de estar viajando a tanta velocidad por tierra tiene un encanto que no puede compararse con el avión. Ir mirando a través de las amplias ventanas de los vagones es como mirar una pantalla gigante. A través de ellas llegan imágenes surrealistas, entre paisajes montañosos, zonas rurales, polos industriales y desarrollos urbanísticos de tamaño difícil de creer. Igualmente, la estabilidad del tren hace difícil percibir la velocidad a la que uno se está moviendo.

Servicio

La comodidad es un factor a favor. Es muy conveniente tomar un tren de alta velocidad, a diferencia de un viaje en avión, especialmente si se viaja por negocios con poco equipaje. Asimismo, al llegar a destino es muy veloz la salida del tren, y ante compromisos de trabajo, representa una opción más ágil, en comparación de los engorros procesos que representa bajar de un avión y moverse por el aeropuerto hasta alcanzar la puerta de salida.

El HSR incluye vagones de segunda clase, business y primera clase, cada uno con distintas amenidades, pero en su mayoría, espaciosos y confortables para realizar viajes largos.

Sin lugar a dudas, en todos los casos, los tickets son más accesibles que los de un avión.

Durante el viaje hay un servicio de azafatas, que ofrecen comidas y bebidas, de estilo chino, y aunque se vende cerveza, debe considerarse que está se sirve a temperatura ambiente, lo cual puede ser un poco decepcionante para el occidental acostumbrado a tomarla fría. Pero puede considerarse este un detalle menor ante la majestuosidad de la ingeniería aplicada en la tecnología del tren.

Recomendaciones para el uso de trenes en China

Los tickets pueden comprarse online y los hoteles en los que uno se encuentra hospedado, en la mayoría de los casos, asisten a los viajantes en dicho trámite. La recomendación es llegar temprano, con varias horas de antelación. Es muy común que se generen embotellamientos en las cercanías de las estaciones, y por ello ver pasajeros bajando de los taxis y recorriendo varios cientos de metros con su equipaje para no perder su itinerario. Los embotellamientos son muy comunes en China y son un factor a tener en cuenta a la hora de organizar la logística propia y la de las delegaciones empresariales.

Una vez dentro del tren, hay espacio para equipaje de mano pero no tanto para grandes valijas, porque el servicio está pensando para viajes livianos, con portafolios, mochilas o bultos de menor tamaño. Esto es importante considerarlo si los viajeros extranjeros decidieran llevar consigo una gran cantidad de equipaje.

Digo que el HSR es un complemento de los negocios porque es el medio más popular de transporte entre los ejecutivos y empleados de empresas, tan versátil como una laptop o un teléfono celular.

En un país como China, donde las empresas y sus subsidiarias están desperdigadas por todo el territorio, es muy común que sea necesario moverse miles de kilómetros para conocer personas, proyectos, fábricas, ferias, salones de exhibición, casas matrices, para cerrar acuerdos o para hacer un estudio de campo. Y en cada caso, el viaje en trenes de alta velocidad es un gran momento que mixtura relax y trabajo -antes o después de las reuniones-, para preparar información, para discutir resultados, para hacer minutas, para pensar en estrategias o para, mientras que uno viaja, observar a través de las amplias ventanas, como si fueran las pantallas gigantes de un cine, el maravilloso y extraño mundo que los negocios y el comercio han forjado en ese país.

Acerca del autor

Colaborador en ReporteAsia