China como socio de América Latina: ¿con cada país por separado?

Este martes 7 de septiembre el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, confirmó que se encuentra en negociaciones avanzadas con China con el objetivo de firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) bilateral. La política internacional que busca desarrollar Uruguay implica una negociación por afuera del Mercosur, que tensiona la relación entre los socios del bloque, países que por otra parte demuestran tener objetivos comerciales y políticos diferentes, considerando el vínculo distante entre ellos. Queda además por analizar cuál es el rol de China en esta potencial atomización. ¿Puede China ser un socio de la región, o solamente puede serlo de cada país por separado?

Un lastre para el desarrollo de Uruguay y Brasil

En marzo último, cuando se desarrolló la cumbre de presidentes del Mercosur, Lacalle Pou había advertido que el Mercosur no podía “ser un lastre” para el crecimiento de Uruguay. La respuesta de Alberto Fernández, presidente de Argentina, fue: “Si nos hemos convertido en una carga, lo lamento… No queremos ser lastre de nadie: es un honor ser parte del Mercosur», contraponiéndose taxativamente a la posición uruguaya.

La intención de Uruguay de avanzar en tratados de libre comercio por fuera del bloque fue una de las divergencias de las últimas reuniones dentro del Mercosur con Argentina, que se niega a avalar acuerdos bilaterales.

Otra cuestión que representa un dilema para la relación de los socios es el Arancel Externo Común (AEC, que hoy está 14% promedio), la base técnica del Mercosur como unión aduanera, que Brasil y Uruguay buscan rebajar, ante la negativa de Argentina. Con esto, Brasil y Uruguay esperan impulsar una serie de cambios en sus estructuras económicas, productivas y fiscales que les permitan consolidar sus costos locales para competir en mercados internacionales.

Cada país mantiene una relación separada con China

Ciertamente, la relación con China no se ha manejado regionalmente, ni siquiera en los años en los que la relación de los países de Sudamérica era de unión, como cuando Lula Da Silva o Dilma Russeff, en Brasil y Néstor Kirchner o Cristina Kirchner presidieron Argentina. Brasil, como integrante de los BRICS, construyó un vínculo con China por afuera del Mercosur.

Argentina, por su lado, conformó una Asociación Estratégica Integral, y sostuvo un vínculo centrado en la actualización de su infraestructura y los agronegocios, pero tampoco invocó al Mercosur en el diálogo con el Gigante Asiático. Uruguay hizo lo propio, sin mirar a los costados.

Uruguay
Un TLC puede resultar en una mayor primarización de su industria. Uruguay lo impulsa para aumentar el tamaño de su mercado de negocios.

De allí, que años después, las políticas de los países latinoamericanos ante China sean todas diferentes, y competitivas entre sí. Lo mismo pasa en otros países de la región: no se unifican las gestiones, no se suman stocks ni se aprovecha la existencia de sectores comunes entre países vecinos. Por lo tanto, se duplican los costos, mientras las gestiones se tornan más onerosas y la escalabilidad de los proyectos se hace menor.

¿Puede China sostener un proyecto con cada país por separado?

No representa una buena imagen que sea China la «novia» por la cual profundizan su distancia Uruguay y Argentina, que han logrado mantenerse encolumnados en un proyecto de desarrollo conjunto como es el Mercosur. Puede considerarse una injerencia en cuestiones de política interna. China debería fortalecer el Mercosur más que hacerlo volar por los aires.

Una intervención internacional no debería tampoco articularse para debilitar una estructura, que, aunque en crisis, representa el espíritu de unión que está haciendo fuerte a los ASEAN, por ejemplo, donde funciona una zona de libre comercio, como también a la Asociación Económica Regional Integral (RCEP), que China ha firmado.

Se trata del mayor acuerdo de libre comercio del mundo, con 14 países de Asia y el Pacífico. Por esto: ¿el TLC no debería ser con el Mercosur?

Para Argentina, el diálogo de China con Uruguay puede representar una «infidelidad» a su amor incondicional. Un TLC con Uruguay podría beneficiar la entrada de productos de ese país con mejor perfil arancelario que los argentinos, en desmedro de inversiones que podrían localizarse en Argentina, inclusive de la propia China, en sectores como agronegocios y alimentos.

mercado chino
En base al TLC, el producto uruguayo se consolidaría en el mercado de consumo chino gracias a mejoras arancelarias.

Tal vez, para China, necesitada de proveedores confiables en cuestiones de producción alimenticia, aunque implique poner en riesgo su vínculo con Argentina y apostar a un mercado de menor tamaño, es más viable trabajar en un TLC con Uruguay y lidiar con la observación que pueda hacerle argentina (sabiendo que Brasil apoya la flexibilización del bloque) antes que apostar a que el Gobierno con sede en Buenos Aires solucione la macroeconomía de ese país a largo plazo, situación que hace inviable la inversión tanto china como de otros países y que representa una incógnita generalizada en la comunidad internacional: ¿cuál es el futuro de Argentina en términos geopolíticos y geoeconómicos?

Uruguay: el tamaño no importa

Acudimos a Javier Sánchez Caballero, experto en desarrollo de negocios con China, para que nos ofrezca su punto de vista sobre este tema. En primera instancia, el especialista nos invita a analizar la relación comercial entre Uruguay y China: «El principal producto de exportación fue la carne bovina, que creció 205% y ocupó el 60% del total exportado. No podemos negar que el cepo aplicado por Argentina ayudó, en parte, a lograr estos registros. Uruguay está inspirado y entiende que su momento de liderar cambios en la región ha llegado», comentó.

«Es importante poner en foco un dato: China es el principal destino de las exportaciones de Uruguay. En lo que va de este año, las exportaciones fueron de US$1.568 millones, 63% más que en el mismo periodo de 2020».

Javier Sánchez Caballero, CEO y fundador de la consultora PONTEM, sostiene que antes el foco de la relación de China en América Latina estaba puesto en Argentina. Pero, con este evento, se explicita que China tiene una relación comercial más avanzada con Uruguay, por la madurez de los diálogos que están manteniendo: «tranquilamente podría ser Argentina la que esté llevando adelante este tipo de negociaciones con China, por el volumen que podría sumar en cuestiones de producción y stocks. Sería igualmente desafiante para el Mercosur, pero por el tamaño de la industria argentina, pareciera ser más natural ese escenario». Sin embargo, añadió: «que sea Uruguay el que está moviéndose con más audacia, implica que China lo ha identificado como un mercado más seguro para sus inversiones en esta etapa, y más previsible».

industria láctea
La industria láctea y la ganadería en general son actividades que resultarían beneficiadas por un TLC con China.

«Cierto es que Uruguay es hasta ahora el único integrante pleno del Mercosur que ha firmado el Memorándum de Entendimiento (MOU) con China para la participación dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Fue en 2018. Desde entonces, las relaciones entre ambos países se han acrecentado», remarcó.

El que avisa no traiciona

Para Argentina, China es una comodín que juega en su política interna con mucha facilidad. También en la externa. Se lo ha empleado para sostener el relato de crecimiento de los últimos años, como un socio de potencialidad inconmensurable, inversor estrella, etc. Será un duro golpe que sea China la que firme un TLC con Uruguay.

El Gigante Asiático no ignora que está debilitando la relación entre naciones hermanadas al firmar este tipo de convenios.

Pero no se puede culpar a quien avisa de antemano sobre sus intenciones. En 2020, inclusive el embajador chino en Uruguay, Wang Gang, ya había comentando sobre los objetivos de China en ese país: «Desde que llegué a Uruguay, el TLC ha sido un tema de mucho interés. Ya fue planteado por Uruguay y la iniciativa fue muy bien acogida por la parte china, porque estamos a favor del libre comercio, del multilateralismo y creemos que el libre comercio es de ganar-ganar para todas las partes”, remarcó en una entrevista.

Además, según consigna Javier Sánchez Caballero, en abril de 2020, Uruguay se convirtió en el segundo país latinoamericano –tras Ecuador- en incorporarse al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB): «lo que abre opciones de financiamiento en el corto y mediano plazo para el desarrollo de proyectos de conectividad en sectores como puertos, ferrocarril y energía, entre otros».

«Se espera que el gobierno uruguayo avance ahora en la definición de los sectores y los proyectos prioritarios donde el capital chino pueda enfocarse, con la mira puesta en afianzar a Uruguay como el nodo logístico de los negocios chinos en el Atlántico Sur», concluyó.

 

 

 

 

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Co-fundador de ReporteAsia.